Como todos los domingos Juan salió al mercado de las pulgas, allá sobre la séptima o la avenida del café como era conocida esa franja de espacio en los folletos turísticos, sobre las 10 de la mañana llegó al sitio, caminó como siempre buscando una historia ajena a su cotidiano transcurrir, imaginó que algo extraño podría pasar, miró el cielo y fue impactado por una lluvia fría y fugaz, a continuación un extraño calor que surgia del sol y se combinaba con un viento frío que se llevaba las ideas, entró a un pequeño Café y como siempre pidió uno pequeño y negro, buscando algo en su reflejo:
- Cuándo el reloj de arena haya terminado vacíe esta jarra sobre la taza.
Fue lo que le dijo el mesero como si le estuviera dando la clave para revelar un mensaje secreto.
Se preguntó si estaba despierto, vió en el mesero una mirada pérdida, se estiró los dedos, no ocurrió nada.
"simplemente es un día raro, tenia que ser domingo " se dijo Mientras se tomaba el café.
se levantó, pagó, salió a la calle y de repente empezó a llover, corrió hacia el mercado de lo antiguo, y miro como las gotas mojaban los zapatos de los transeúntes que se escondian tras un canelazo o la infusión de las siete hierbas.
- Señor, bien pueda. Tenemos descuentos por lluvia.
Esta última frase le llamó la atención, subió su mirada y encontró a una mujer de color capuchino que le sonrió cortésmente mientras le miraba con un brillo en el iris que le perforaba sus más audaces pensamientos. De todo lo que miró, había un objeto que le llamó la atención sobremanera, un espejo en marco de bronce con unas serpientes que se entrelazaban al final.
- Wow, este espejo debió ser el de la bruja de blanca nieves.
- Pues aunque te rías, es un espejo mágico, te hará ver las cosas de manera diferente.
- Creo que es suficiente la magia de haber encontrado a una persona como usted en medio de la lluvia. - le dijo en un tono de coqueteo.
- Mmmm... Pues por tu coqueta frase te haré un descuento del 10%.
- Díez, el número para que todo vuelva a ocurrir.
- Por saber de kabala te daré un 5% adicional para que te lo lleves por ley.
- Debo decir que has ganado, pero está un poco empañado.
- Te brillare el marco, pero debes limpiarlo cuando llegue a casa, así la primera impresión que reciba este espejo será la de su nuevo dueño.
- Y si me aburro con él, te lo puedo devolver?
- Se que no lo harás, pero si llega a pasar búscame con el espejo y te daré otra cosa, no hacemos devolución de dinero.
- Trato hecho, hermosa.
- Ya no hay más descuentos.
El trato fue rápido, ninguno de los dos se perdía de vista, la conexión entre los dos fue rápida, ambos pensaron que era de esos encuentros pasajeros que sólo quedarían en la mente, el pensó que la olvidaría a llegar a casa o que quizá el otro domingo la volvería a visitar no le compraría nada y la invitaría a salir.
Ella pensó que era un atractivo imbecil que ganaba fácil su dinero en la vida y que no sabía lo que significaba sacrificar los domingos para venir a ver un desfile de gente que la miraba a veces con indiferencia a veces como si fuera basura los objetos de ese inmenso museo informal.
Cuando llegó a la casa, destapó el espejo, no sintió ninguna magia ni energía extraña, el bronce opaco de las dos serpientes, una inscripción extraña: nosce te ipsum, "debe ser la marca de la casa fabricante pensó.
Lo limpio con una camiseta vieja, primero el bronce que no arrojó más brillo y luego el cuerpo reflector... Dicen que los grandes cambios suceden de repente, dicen que hay instantes en la vida que marcan para siempre, este fue uno de ellos, no vió su rostro habitual, sino uno mucho más viejo y cansado, un poco arrugado, trajo otros objetos de la casa para ponerlos en frente, el cuchillo se veía igual, un cuaderno, una moneda, una rama de hierbabuena se veía con un leve halo luminoso que se fue apagando con el tiempo. Pensó que era una ilusión óptica, o quizá un mecanismo que el espejo tenía por detrás y tenía que desactivarlo, no encontró nada, ni baterías ni mecanismos ni nada semejante. Era él? Salió a la calle a buscar una persona de confianza.
- Frank necesito que me acompañes, tienes que ver algo.
- Que pasa?
- Solo acompáñame.
Lo llevó a la casa, lo paró en frente del espejo y de manera orgullosa, le dijo aquí está:
- Pues Frank es un espejo antiguo, de eso no hay duda, pero no estoy interesado en comprar algo así.
- Acaso no lo ves?
- Si lo veo, un espejo que hace lo que hace todos los espejos del mundo.
- No es cierto.
En ese momento Juan vio a Frank, reflejado en el espejo, tenia una nariz larga y una mirada perdida, además estaba más calvo de lo que de veia en persona, él entendió que Frank podría estar mintiendo, o quizá se debía mirar de una forma especial para ver lo que el había visto desde el principio.
- Si Frank, es un antiguo espejo, marca Nose te ipsum, la verdad no quería ofrecertelo sino que me dijeras cuanto podría valer.
- Pues no se mucho de antigüedades, pues el bronce, las serpientes, umm unos 100...
- Es poco, mejor me quedaré con él.
Juan salió con Frank de la casa se lo llevó al parque, hablaron de política y económia, en el fondo buscaba que Frank se olvidará del espejo.
Llegó por la noche a casa, se llevó el espejo a su habitación y le puso una sábana, no quería verse a toda hora, lo usaría de vez en cuando, el entendía que el espejo reflejaba su estado de ánimo. Pensó en mirarse antes de ir a dormir e imagino que veria un hombre cansado y feliz, quizá un poco canoso y con una gran sonrisa. No obstante casi enloquece al mirarse: veía a un hombre con la mirada pérdida que hacía gestos con la boca, como si deseará algo, quizá una comida, miró sin asustarse con más detenimiento y vio en el fondo un reflejo de...